24.10.12

Vicio caro

Por Marta Celada

"Imposible". Esa es la palabra que me vino a la cabeza cuando la chica de la taquilla del cine, al que voy de manera habitual, me cobró la entrada hace un par de sábados. En mi cabeza se mezclaron un cúmulo de sensaciones: la rabia, la incredulidad, la frustración... pero sobre todo una oleada de tristeza e inquietud invadió todo mi cuerpo. ¿Acaso vivimos en un país que está matando la cultura? ¿Qué será del cine, el arte o el teatro en los próximos meses?¿Aguantarán el envite de una crisis que se ceba con "lo menos importante"? ¿Seremos en unos años un país que IVA al cine, como somos ahora los que escuchaban a Los Pecos en cassette?

La Unión Europea nos ha colgado recientemente las orejas de burro. Pero mientras, sus mayores mandatarios aplauden nuestros rebuznos. Y no es que no me encante Jonny Deep y su manostijeras, de hecho, me encanta esa película. Y muchas otras. Y más me gusta verlas en pantalla grande, con Dolby Surround, y con esas palomitas tan saladas que necesitas casi un litro de Coca-Cola para no salir deshidratado de la sala.

Ir al cine se ha convertido en un capricho, en algo extraordinario dentro de la vida del español medio. El ocio en España ya no es ocio, es vicio, uno muy caro. Y está claro que podemos vivir sin ir al cine o al teatro, tal como aluden los responsables del fomento y la promoción de estas artes, léase ministro de Cultura, léase persona que echa piedras sobre su tejado. Y es que ahora el responsable de esta materia, por lo visto, es el ministro de Economía. A 24 de octubre de 2012, es más importante y beneficioso para el país llenar las arcas del Estado y las de las entidades bancarias, por supuesto, a costa de rescates bancarios que parecen más ficción que realidad. Todo vale, también las subidas de impuestos a los ciudadanos que menos pueden soportarlos. La verdad, es que los políticos tienen mucho arte para hacer la leyes últimamente... ver el telediario es como asistir a diario, y gratis, a una función de guiñoles, cuyo reparto de actores y guionistas pertenecen a una prestigiosa compañía del norte de Europa.

Es normal que nuestros cargos públicos no echen de menos el cine, ya que ellos tienen una vida de película: coches oficiales, dietas gourmet y un palacio con aposentos, damas y pocos vagabundos... y a los que encuentran por la calle les dan la mano en vez de limosna. Además, roban lo que pueden a la ciudadanía, al más puro estilo medieval, y se escabullen de la justicia con abogados que más parecen superhéroes. Menos mal que existen algunos Robbin Hood en los medios, y otros pocos en los juzgados... Aunque si nos descuidamos acaban desterrados en la selva sudamericana, sobreviviendo como Tom Hanks en Naufrago, tras una vida de arduo trabajo en su país.

Hay tantas cosas "imposibles" que son realidad. Hay tantas películas buenas, y tanta piratería. Hay tanto arte en las tablas, y tanta gente harta de consumir en internet... "Imposible" me parece que los capitanes de este barco, que es mi país, no se den cuenta de que lo urgente no es siempre es lo más importante; que los rescates no solo rescatan los números, que también entienden de moral, de ideas, de creatividad y de arte. De cosas que a Moody's no le interesan y de las que Allen, de las que ese enano loco se parte de risa en sus películas. Que pena que muchos no puedan o no quieran pagar para ver alguna de sus genialidades a lo grande. Que pena...

1 comentario:

  1. En un país con predisposición a Grandes Hermanos y Belenes Estéban hay que tenerlos redondos para recortar en educación y ahogar a la cultura con el IVA.

    ResponderEliminar